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Historia del Hotel de Londres y de Inglaterra

En 1866, cuando el “Paseo de los Baños” estaba recorrido por un rosario de  villas rodeadas de pequeños jardines, los empresarios Manuel Balda y Juan José Matheu decidieron levantar una fonda, grande para la época, compuesta de sótano, tres plantas y buhardilla.  

No sospechaba Isabel II que, al alojarse en este establecimiento en su precipitada huida a Francia tras el triunfo del pronunciamiento militar que dio origen a la revolución conocida como “La Gloriosa”, estaba mostrándole en cierta forma el camino a Amadeo I de Saboya, quien, en circunstancias desde luego menos apuradas que las de su antecesora, optó también por la prestigiosa fonda para el veraneo que precedió a su renuncia al trono en 1873. Con el cambio de siglo, el importante incremento del turismo veraniego decidió al conocido hostelero Edouard Dupouy a vender el  prestigioso hotel que regentaba desde 1879 en la cercana Avenida para trasladarse, con el definitivo nombre de “Hotel de Londres y de Inglaterra”, al emplazamiento actual. La sofisticación y el refinamiento que habían gozado de la confianza de un Príncipe de Gales, de pintores como Toulouse-Lautrec o de jefes de gobierno como Sagasta se mudaban así a la playa, convertida ya en el verdadero “salón” de la ciudad.

Corría el año 1916 cuando se abrió al público, perfectamente alineado ya con la nueva calle Easo. Este hecho, que había provocado el derribo de parte del antiguo establecimiento, dio origen al estilizado edificio que hoy conocemos. Por aquellos días, con la Primera Guerra Mundial a las puertas de la ciudad, una  seductora holandesa, registrada bajo el nombre de Margaretha Geertruida Zelle, se paseaba sonriente entre la multitud de expatriados, traficantes de armas y espías que frecuentaban los salones del hotel asegurando llamarse Mata Hari...

En 1919, la hija y heredera de Edouard Dupouy  vendió el Hotel a Don José Urbistondo, emprendedor hombre de negocios guipuzcoano que había forjado su fortuna en Cuba. La propiedad del Hotel ha pertenecido desde entonces a  la  familia Urbistondo, que ha ido incorporando importantes ampliaciones y mejoras al establecimiento a lo largo del tiempo,   

A la construcción de una sexta planta en 1922 se le sumó la gran ampliación de 1930, en la que el hotel dobló su superficie. En 1978, con el advenimiento de la democracia, y tras más de cincuenta años de prohibición, acogió el primer casino de España. Poco a poco, el hotel, como la ciudad, fue recuperando el tono perdido y dio inicio a  un “renacimiento” del que son buena muestra las reformas de los últimos años. Así, el espacio desocupado por el casino en 1999  se convirtió en una serie de salones que, unidos, conforman uno de grandes dimensiones denominado Britannia. A esta primera gran transformación le siguió la apertura del restaurante Marie Galant, la paulatina puesta al día del bar Swing, la completa reforma de las 155 habitaciones previamente existentes y, por último, la construcción de una séptima planta, conocida, con razón, como el “El Séptimo Cielo”, con otras doce magníficas habitaciones dotadas de amplias terrazas privadas asomadas a la bahía de La Concha.

Creemos que el hecho de que testas coronadas, aristócratas de rancio abolengo, artistas encumbrados como Orson Welles o anónimos sibaritas de parecido o superior buen gusto hayan elegido nuestro establecimiento habla a las claras de las bondades que hoy, como entonces, atesora el hotel. Si decidiera usted sumarse a ellos, ¡feliz estancia!

 

Excelente
4.4
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